Todo por ellos. Todo para mi. Era como una pequeña diosa, dominaba el arte de sentir lo aclamado, el poder nítido de quebrar el espíritu de una persona, es así como nos dominamos y conquistamos. Le encantaba. Lo adora, sabía clavar las uñas en los jerseys de cachemir, en el pequeño gesto de desaprobación y sonrisa. Bajaba los párpados, bostezaba y lo decía "Dios prefiere a la gente corriente, por eso ha hecho tanta". Lo sabía t todos también pero ella, ella lo accionaba. El poder reside donde creemos que lo hace . Ni más ni menos. Y así todo eran ríos de vidas que criticaban y deseaban, su bondad escondida y su facilidad de exposición. Tal vez, nadie le había dicho que todos los cementerios del mundo están llenos de gente que se consideraba imprescindible.
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- Clara Muñoz
- A veces hay que abrirse y enseñar el alma.
viernes, 6 de diciembre de 2013
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