lunes, 7 de octubre de 2013

Tuya, mía, nuestra.

Me pregunto si algún día terminara. Si acabara la sensación de que fue ayer. Si se callará la voz que lo repite al oido todas las mañanas. Si me dejara llorar, si al menos se me concedería el privilegio de parar el dolor un instante. Que no queme por dentro. Que no baje gota a gota cada 15 minutos, torturando sin dejar que se ahogue ni que se calme. Ojala dejara de acumularse sin llenarse. Que vuelva de viaje, que vuelva de allí, que venga porque nunca se ha ido ni nunca lo hará.

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