jueves, 21 de mayo de 2015

He de confesarte, muchacho,
que fuiste una de mis estrategias,
nunca el fin ni el final.
Más bien una maniobra de arrastre
por el constante placer de demoler todos tus fondos.
Que si alguna vez te dolí,
fue por un “Vamos a rodar cabezas”;
que si alguna vez te quise,
fue sin querer;
que si alguna vez te necesité,
fue por equivocación;
que si alguna vez te llamé a altas horas,
no fue por amortiguar el silencio de tus hoyuelos,
sino un efecto colateral
de una declaración narcisista,
de un plan atómico contra el amor.
Que si alguna vez estuviste a una coraza de
besarme y por qué no,
yo estaba siendo un tetraedro
abriendo intersecciones y en punto ciego,
a un matiz de lijarme las esquinas,
que por poco,
no acuchillan tus orillas a traición.
Y a pesar de tus intentos por doblegar mi seducción,
sometiéndome al imperio de tu cero gravedad,
me inspiras la más voraz indiferencia
y nada.
Como cuando nos tropezamos por primera vez y
pensaste que tus proximidades eran la ratonera
que me ahogaría en la comisura de tus secretos.
Sin embargo,
mira en el desastre en el que nos hemos refugiado,
sin piratas ni matanzas.
También sin el oro
por el que maquiné un bosquejo de busca y captura
sin implicaciones sentimentales por la vereda
que mereciesen la pena.
Seguí conspirando a espaldas de la humanidad,
 después de tus obstinaciones a sí y a no.
Y otra vez sí. Y otra vez no.
Parecía que jugabas a tentarme la suerte,
parecía que por momentos aflojaba mi blindaje.
Creías que no sería capaz
de manosear tus rizos y largarme
como quien se olvida un paraguas al salir.
Y no te equivoques, muchacho,
que aunque adivinaste
el código de seguridad en mi costado,
todas las cerraduras de mi racionalidad permanecen frías
e intactas.
Mi debilidad al acaso, imposibles, intocable,
a la ce de complicado,
a la uve de volarte la cabeza y a oscuras la inercia contra mí
 y rectificar las paredes que elevo para no dejarte entrar.
Hoy nos abandonamos a la disonancia,
sabiendo que yo resulté un error de cálculo
y tú un descosido en mi listado de oportunidades,
sin puertas ni ventanas ni respiraderos.
Mientras que ninguno de los dos sigue siendo.
Y que si alguna vez te busqué,
fue para no encontrarte;
y que si alguna vez te besé,
fue por robarte el aire;
y que si alguna vez te sequé,
fue por no bebernos el tiempo,
y que si alguna vez te olvidé,
fue para no rompernos
más.

Y que si alguna vez te quise,
fue sin quererte.

http://lalluviadenoviembre.blogspot.com.es/2014/11/masacre-en-ti-mayor_21.html

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