No sabéis la cara de idiota que ponía. Era gracioso ver como buscaba con la mirada pero si veía se hacía la despistada. Era gracioso ver sus mejillas sonrojadas y el brillo de sus ojos, la mirada de ternura que desprendía pidiendo a gritos atención. Tenía una risa nerviosa y tocaba todo para tranquilizarse. Era gracioso, si que lo era, porque en esos momentos dentro de ella había felicidad.
-Dios, para ya -le dijo volviendo la cara, hacia la derecha.
-¿Qué pasa?
-Estas sonriendo como una tonta.
-No es verdad -y la sonrisa se hizo más grande.
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- Clara Muñoz
- A veces hay que abrirse y enseñar el alma.
miércoles, 28 de agosto de 2013
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