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A veces hay que abrirse y enseñar el alma.

miércoles, 23 de abril de 2014



A veces viene y se sienta a mi lado. Me hace una coleta y busca colonia. Tal vez me lo hayan dicho tantas veces que ya ni escucho,sera por eso que cuando la encuentro de repente, me asusto. Como cuando me mira fijamente sonriendo. Suele pasar por detrás de mi, la veo en los reflejos de luz de los cristales y en las ganas de vivir. Otras es una bala, un viento helador en una noche cálida. Otras veces suena el teléfono. De la misma manera. Pero no va a mejorar, ni empeorar se quedará así. No el resto de su vida sino de la mía.
Se llega a la conclusión de que no es imprescindible asignar palabras a todo, hay cosas que simplemente no se escuchan con los oídos. Me niego a creer en el alma y su capacidad auditiva, yo no quiero a nadie en mi corazón. Quiero a alguien en mis brazos a quien buscar. La vida va mas allá de todo tipo de explicación, al fin y al cabo lo relevante es aquel ruido antes y luego del silencio. 
Así que me he proyectado en ello, en aquellas personas que no volverán. Pero; lo hicieron.
Despertar amor en los demás, del que queda para siempre.

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